A veces pasa que un año se llena de mundos que no pediste, pero que aun así se te quedan dentro. Los mejores juegos de rol de 2025 llegaron así, casi empujando la puerta, sin esperar a que uno terminara lo que estaba jugando antes. Y lo extraño es que todos dejaron un tipo distinto de ruido. Un eco. Una imagen. Algo que, por alguna razón, no quiere irse.
No voy a fingir que los tengo totalmente clasificados. Pero sí hay un orden. Uno emocional, si quieres llamarlo así. Uno que se armó solo mientras volvía a pensar en lo que cada juego me dejó, o me quitó.
TOP 10 – Los mejores juegos de rol de 2025
A veces un ranking no nace de los números, sino de la forma en que un juego te acompaña incluso cuando ya lo apagaste. Este top 10 no busca convencer a nadie, solo poner en orden lo que dejó huella. Cada título aquí tiene algo que reclamó su espacio… aunque fuese en silencio. Quizá esa sea la verdadera diferencia entre un buen RPG y uno que se queda contigo.
1. Clair Obscur: Expedition 33

Hay juegos que parecen hablarte sin pedir permiso. Expedition 33 fue ese golpe seco en medio del año. No por grandilocuencia, sino por esa combinación incómoda entre belleza y herida. Algo en su historia te atraviesa de una forma que no ves venir: una mezcla de fatalidad, de lucha perdida antes de empezar, de personajes que se quedan mirando un punto que no entiendes… pero que igual te afecta.
Su combate por turnos debería sentirse familiar, pero no lo es. Hay una tensión que casi se arrastra. Una pausa antes de cada decisión. Como si fallar no fuera solo perder un turno, sino romper algo más profundo. Y quizá por eso duelen tanto ciertos encuentros, como si cada enemigo fuera una versión distorsionada de algo que ya habías sentido antes.
Lo pensé mientras jugaba: hacía tiempo que un RPG no me obligaba a quedarme quieto después de una escena. Sin mover las manos. Solo mirando. Como si necesitara un momento para encajar lo que acababa de pasar.
2. Kingdom Come: Deliverance II

A veces un juego no busca llevarte a un mundo nuevo, sino recordarte uno que existió. Deliverance II no pretende embellecer nada. Ni la mugre, ni la violencia, ni esa sensación de estar siempre un poco perdido entre decisiones que no terminan de ser correctas. Lo medieval aquí no es un decorado; es peso. Es desgaste.
Henry… bueno, Henry sigue siendo ese tipo de protagonista que no pide heroísmo. Solo intenta sobrevivir. Y en esa vulnerabilidad, uno termina reconociéndose un poco, aunque no lo quiera admitir.
Lo más extraño es que incluso las misiones pequeñas—esas que en otros juegos se sienten como relleno—aquí importan. Se sienten vividas. Como si cada paso estuviera conectado a una historia más grande que no ves completa, pero que sigue ahí, empujando.
3. Elden Ring: Nightreign

No sé en qué momento FromSoftware decidió experimentar con un roguelike, pero aquí estamos: atrapados en una espiral de intentos que no perdona. Nightreign es un recordatorio de que el sufrimiento en un Souls no es una característica; es un idioma. Y este juego lo habla con fluidez.
Me sorprendió la elasticidad del combate, la brutalidad limpia de ciertos jefes, esa sensación de que cada error te retrata. Cuando te mata, no lo hace con crueldad gratuita. Lo hace con ese tipo de frialdad que duele porque es precisa.
Lo mejor: la atmósfera. Oscura sin exagerar, rota sin explicarse. Como si el mundo estuviera siguiendo adelante aunque tú ya no puedas.
4. Avowed

Obsidian suele escribir mundos que parecen estar pensando mientras los recorres. Avowed tiene esa cualidad rara de un RPG clásico, pero con una respiración distinta, más íntima. No es la historia lo que te empuja hacia adelante; es cómo te mira el mundo cuando decides algo.
El sistema de habilidades tiene una fluidez inesperada, un modo casi natural de obligarte a cambiar, a probar, a equivocarte. Y lo agradecí. Ya estoy cansado de juegos que te castigan por experimentar.
Terminé Avowed con la sensación de que había tomado decisiones equivocadas, pero… correctas para mí. Supongo que así funcionan los RPG que entienden lo que somos cuando jugamos: criaturas contradictorias, tercas, que solo buscan sentir que el camino fue suyo.
5. The Outer Worlds 2

Pocas veces un juego te permite destruir tanto sin sentirse irresponsable. Outer Worlds 2 es caos con propósito. O mejor dicho: caos con consecuencias. Y ahí está su encanto.
Puedes ser un héroe accidental o un desastre ambulante. Y el juego no intenta corregirte. Te acompaña. Te deja ser. Incluso cuando tomar una mala decisión arruina una zona entera o hace desaparecer un NPC que creías secundario… pero no lo era.
Me pasó algo curioso: reí más de lo que esperaba. Pero también me detuve más de lo que quería admitir. En uno de esos planetas, mirando un cielo extraño, me di cuenta de que el juego me había dejado elegir quién quería ser, aunque yo mismo no lo tuviera claro.
6. Digimon Story: Time Stranger

No importa cuántos años pasen: siempre hay algo en Digimon que te toca una parte rara del recuerdo. Time Stranger no se apoya solo en nostalgia. La usa como quien abre una puerta, no como quien se aferra a una reliquia.
La estructura es clásica, de JRPG puro, pero con una calma que se agradece. Digievolucionar no se siente como cumplir un requisito, sino como acompañar a alguien mientras descubre en qué se puede convertir. Y sí, eso puede sonar cursi… pero el juego lo hace funcionar.
Lo mejor son las mazmorras. No por diseño, sino por los pequeños momentos: un pasillo demasiado silencioso, un objeto mal colocado, una sombra que no debería estar ahí. Cosas que nadie recuerda comentar, pero que dan forma a la experiencia.
7. Dragon Quest I & II HD-2D Remake

Hay algo casi sagrado en volver a un clásico. Sobre todo cuando lo tratan con respeto sin miedo a reimaginarlo. Dragon Quest I & II HD-2D consigue algo extraño: sentirse antiguo y nuevo al mismo tiempo.
Los colores parecen respirar. Los personajes se mueven con esa sencillez que solo un HD-2D bien hecho puede lograr. Y aun así, lo que más me tocó fueron sus historias retocadas. No para modernizarlas, sino para que el eco emocional fuera más claro.
Quizá porque ciertos diálogos, tan simples, cargan más peso del que deberían. Como si vinieran de otro tiempo. Uno que aún intenta decirnos algo.
8. The First Berserker: Khazan

Hay violencia que no busca escandalizar; solo quiere mostrar el esfuerzo. Khazan es exactamente así. Un RPG que entiende que la brutalidad no está en la sangre, sino en la insistencia. En levantarse otra vez después de fallar un parry que sabías que ibas a fallar.
Me gustó esa sensación de densidad en el combate, como si cada golpe arrastrara consigo el peso de todos los anteriores. Y también me gustaron sus jefes. No por diseño —que es excelente— sino por lo que me hicieron preguntarme: ¿por qué sigo intentando esto? ¿Qué espero encontrar del otro lado?
Nunca tuve una respuesta clara, pero seguí.
9. Pokémon Legends: ZA

Hay juegos que intentan cambiar una fórmula sin romperla. Legends: ZA hace justo eso. No elimina lo que Pokémon fue, pero lo dobla un poco, como si quisiera mostrarte algo que siempre estuvo ahí pero nadie miraba.
Las misiones secundarias son pequeñas ventanas emocionales. Algunas tan sutiles que pensé que no me habían afectado… hasta mucho después. Y el nuevo sistema de batalla es más honesto: menos cómodo, más vivo. Un riesgo que la saga necesitaba.
La ciudad—esa versión distinta de Lumiose—tiene rincones que todavía me vuelven. No debería, pero así pasa con los lugares que se sienten más reales de lo que deberían.
10. Trails in the Sky: First Chapter (Remake)

Hay remakes que solo modernizan. Este revive. Trails in the Sky FC no es una actualización: es un acto de memoria. De esos que te obligan a cargar con un personaje más de lo esperado, incluso cuando apenas lo conoces.
Estelle y Joshua… hay algo en ellos que no envejece. O que envejece bien. La mezcla de combate por turnos con acción ligera funciona, pero lo que realmente destaca es la forma en que la historia te abraza cuando ya estás dentro. Casi sin pedir permiso.
Hay una escena —una muy simple— en la que ambos solo caminan por un sendero. Y por algún motivo, fue ahí cuando sentí que el juego me había atrapado.
Opinión personal — Lo que realmente me dejó este año
Hay años que se sienten como un mapa mal dibujado: avances, retrocesos, caminos que se cruzan sin sentido. 2025 fue así. Mientras jugaba cada RPG, noté que no estaba buscando mundos perfectos, sino momentos que me anclaran un poco a algo. Y lo encontré en lugares extraños: un personaje que apenas habla, un combate que me obliga a respirar distinto, un pueblo que parece olvidado por todos menos por ti.
No creo que estos juegos sean solo “los mejores”. Son los que, por alguna razón difícil de explicar, no quise soltar. Y al final, supongo que eso es lo único que importa cuando hablamos de lo que nos toca de verdad.
