Hay una idea que aparece siempre, casi sin que nadie la cuestione, cuando arranca The Burning Crusade. La he escuchado en hermandades, en Discord, en chats de madrugada. “Voy a coger minería o herboristería y voy a empezar a ganar oro desde el minuto uno”. Suena lógico. Demasiado lógico, quizá.
Todo el mundo necesita materiales. Para subir profesiones, para craftear equipo, para prepararse para raids, para vender, para todo. El problema no es la lógica. El problema es que esa misma lógica la tiene absolutamente todo el servidor. Y cuando todos piensan igual, el mercado no perdona.
Desde el primer día, las rutas están llenas. Las hierbas no duran, los nodos desaparecen al instante y la casa de subastas empieza a llenarse de stacks idénticos, uno detrás de otro. No hay escasez. Hay saturación. Y cuando la oferta es masiva, el precio cae. Da igual lo importantes que sean esos materiales. El mercado no tiene memoria ni compasión.
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A eso hay que sumarle un factor que en TBC nunca está ausente del todo: los bots. No descansan, no se cansan, no dudan. Farmear 24/7 es su estado natural. No buscan optimizar oro por hora como tú. Buscan inundar. Volcar materiales sin parar hasta que el precio se rompa del todo. Y cuando eso ocurre, el farmeo manual deja de tener sentido.
El resultado es casi siempre el mismo. Horas recorriendo mapas, compitiendo contra jugadores y bots, para terminar vendiendo materiales a precios que no compensan ni el tiempo ni el desgaste. Es cómodo, sí. Es familiar. Pero es una mala estrategia económica para empezar la expansión.
El problema de recolectar cuando todos recolectan
Recolectar al inicio de TBC no es una mala idea en abstracto. El problema es el momento y el contexto. Cuando todo el mundo entra a la expansión con profesiones de recolección, el mercado se convierte en una guerra de desgaste. Gana el que más tiempo aguanta, no el que piensa mejor.
Muchos jugadores se quedan atrapados ahí. En el primer paso. Porque parece seguro. Porque siempre se ha hecho así. Porque “algo sacaré”. Y sí, algo sacas. Pero casi nunca lo suficiente como para avanzar con comodidad. El oro entra lento, a cuentagotas, mientras los gastos no esperan.
Lo curioso es que ese escenario que parece tan negativo es, en realidad, una oportunidad enorme. Solo que no para quien se queda farmeando.
Materiales baratos no son un problema. Son una ventaja brutal si sabes qué hacer con ellos. Precios bajos significan costes de producción bajos. Y eso cambia completamente las reglas del juego para las profesiones de crafteo.
Mientras unos se frustran porque sus hierbas ya no valen lo que esperaban, otros están mirando la casa de subastas con calma, comprando barato, acumulando sin prisa. No están pensando en vender materias primas. Están pensando en transformarlas.
Ahí empieza a notarse la diferencia entre sobrevivir y construir ventaja.
Donde está el oro de verdad: procesar, no farmear
El dinero real al inicio de TBC no está en el nodo ni en la flor. Está en lo que haces después. En convertir algo común en algo necesario.
Alquimia es el ejemplo más claro. Las pociones no son un lujo. Son consumo constante. Para levear, para mazmorras, para heroicas, para raids, para PvP. La gente no compra una vez. Compra siempre. Y cuando los materiales están baratos, el margen aparece casi sin forzarlo.
Ingeniería funciona de forma parecida, aunque de otra manera. No todo el mundo la sube, pero casi todo el mundo quiere sus beneficios. Granadas, gadgets, consumibles de PvP, piezas concretas que muchos prefieren comprar hechas. Ingeniería toma materiales que nadie valora y los convierte en algo urgente, inmediato, deseado.
Y lo más importante: ahí no compites con bots recolectando. Compites en un mercado más pequeño, más humano, más estable. Con menos ruido. Con más margen para pensar.
Mientras muchos jugadores siguen dando vueltas por los mismos circuitos de farmeo, otros están jugando a otra cosa. Compran cuando nadie mira, producen cuando otros se quejan y venden cuando la demanda aprieta. No hacen oro rápido. Hacen oro bien.
La clave al inicio de TBC no es recolectar. Es procesar. Entender que el valor no está en el recurso, sino en el producto final. El jugador medio no da ese salto porque parece arriesgado. Pero precisamente por eso funciona.
Si lo piensas con frialdad, recolectar materiales al inicio de TBC es como vender trigo cuando todo el mundo quiere pan. El negocio no está en el campo. Está en el horno. Y quien lo entiende antes que los demás no solo gana más oro. Empieza la expansión con una ventaja que se nota durante meses.
