A veces pasa eso. Que uno prueba algo nuevo, algo que esperaba con ganas, y sin embargo termina volviendo a lo de siempre. A lo que conoce. A lo que duele un poco menos. Así están ahora muchos: los jugadores de Oblivion Remastered están volviendo a Skyrim. No como rechazo, no por despecho. Más bien como quien sale a reencontrarse con un lugar que creyó haber dejado atrás.
Oblivion fue, por años, uno de los grandes. Y cuando anunciaron Oblivion Remastered, hubo algo parecido a una fiebre. Se sintió esa euforia tonta de cuando todo parece posible. Skyblivion, el mod hecho con amor artesanal, aún sigue en camino. Pero lo oficial, lo de Bethesda, llegó primero. Y funcionó. Vendió bien. En Steam, alcanzó un pico de 216,784 jugadores el 27 de abril. Pero después… algo se desinfló.
Y no, no fue un fracaso. Fue un buen lanzamiento. Bethesda y Virtuos tienen motivos para celebrar. Pero a veces los lanzamientos no son lo que uno espera. A veces son solo recordatorios. De algo que nos gustaba más. De algo que estábamos esperando. Y que tal vez —sin querer— ya teníamos: Skyrim.
Skyrim tiene el doble de jugadores que Oblivion Remastered

No es una comparación justa. Lo sé. Pero ahí están los números. Skyrim superó los 30 mil jugadores en 24 horas. Oblivion Remastered apenas pasa los 15 mil. ¿Por qué? Hay varias razones. Algunas técnicas. Otras más difusas.
Quizás influye que Oblivion Remastered salió en Xbox Game Pass. Muchos lo jugaron ahí, sin abrir Steam. O tal vez tenga que ver con la duración. Oblivion es más corto. Menos expansivo. Skyrim es ese lugar en el que uno se pierde, incluso sin quererlo.
También está el tema de los mods. Skyrim se ha convertido en un laboratorio de posibilidades infinitas. Oblivion Remastered, aunque potente gráficamente, se siente más rígido. Más contenido. Menos libre. Y hay algo más. Una ausencia, tal vez. Porque The Elder Scrolls 6 sigue sin aparecer. Sin una fecha. Sin señales. Y mientras tanto, la gente vuelve a lo único que aún respira: Skyrim.
Y lo curioso es que el mismo día que Oblivion Remastered explotó en jugadores, Skyrim también subió. Como si algo se hubiera movido en todos. Como si jugar uno nos empujara a recordar el otro.
Por qué los números bajos de Oblivion Remastered no importan
La verdad, no debería preocuparnos tanto. Oblivion Remastered fue una especie de carta que llegó tarde, pero llegó. Y quienes la esperaban, la abrieron. La leyeron. La guardaron en algún rincón. Skyrim, en cambio, nunca se fue. Sigue vivo. Sigue creciendo. Es viejo, sí. Pero sigue diciendo cosas.
Tal vez Oblivion Remastered tenga fallos en consolas. Tal vez perdió jugadores también ahí. Pero eso no mata lo importante: que el deseo por más Elder Scrolls no ha muerto. Solo se transformó. Cambió de forma.
Y si alguien está buscando volver a sentir eso que sintió la primera vez, quizá sea hora de mirar otros mundos. Como esos juegos que todo amante de la alta fantasía debería jugar. Porque a veces el viaje no termina, solo se bifurca.
Bethesda debería mirar esto con atención. Porque lo que ocurre no es solo una cuestión de mercado. Es emocional. Nostálgico. La gente no deja Oblivion porque esté mal. Vuelve a Skyrim porque, de algún modo, aún le habla.
Y a veces eso basta.
