No todos los personajes en The Elder Scrolls sobreviven al paso del tiempo. Ni mucho menos. Pero hay uno que no solo lo hace, sino que lo dobla, lo fragmenta y lo transforma en múltiples realidades a la vez. Ese es Mannimarco, el llamado Rey de los Gusanos. Un nombre que quizá suene como un villano más, pero que, si rascas un poco, revela una historia de poder, traición, apoteosis… y fractura del mismo tejido del tiempo.
Si te gusta el universo de TES por su acción o su libertad de exploración, estás en buena compañía. Pero si lo que buscas es comprender cómo un solo personaje puede conectar títulos separados por siglos dentro del lore —y hacerlo de forma canónica—, entonces estás a punto de descubrir por qué Mannimarco es una figura clave. Una de las más complejas y fascinantes que ha dado el RPG moderno.
¿Quién es Mannimarco? Más que un nigromante

Decir que Mannimarco es un nigromante poderoso es quedarse corto. Es, posiblemente, el nigromante más antiguo y emblemático de Nirn, con una historia que comienza en las sombras del Gremio de Magos y acaba en el firmamento como una figura divina.
El detalle que lo convierte en una anomalía narrativa es que existen múltiples versiones de él, y todas son válidas. Esto ocurre tras la llamada Ruptura del Dragón, un fenómeno cósmico producido por los eventos del final de The Elder Scrolls II: Daggerfall, que desgarra la línea temporal y permite que diferentes realidades coexistan. Una de ellas convierte a Mannimarco en un dios. En otra, sigue siendo un ser físico y mortal que puede ser derrotado. Ambas son canon.
Y si te interesa cómo esta mecánica encaja con la reciente actualización del sistema de subclases de The Elder Scrolls Online, verás que el juego ha normalizado que una sola decisión cambie universos enteros. Justo como lo hizo él.
The Elder Scrolls Online: el origen del culto

La primera aparición oficial de Mannimarco, desde un punto de vista cronológico, se da en The Elder Scrolls Online, que ocurre unos 700 años antes de los eventos de Daggerfall. Allí, se nos presenta no como un aspirante, sino como un maestro ya establecido: el líder de la Orden del Gusano Negro, un culto que practica la nigromancia a gran escala.
En ESO, Mannimarco no es solo un enemigo; es un arquitecto del desastre. Pacta con Molag Bal, el Príncipe Daédrico del dominio y la esclavitud, con la intención de traicionarlo más tarde y robar su poder. Este intento lo lleva a ser uno de los antagonistas centrales del juego. Su ambición, desde siempre, ha sido clara: convertirse en un dios.
Y si aún estás descubriendo este universo, aquí tienes una guía para sumergirte en los mejores juegos de fantasía para PC, donde The Elder Scrolls ocupa un lugar privilegiado.
Daggerfall y la Disformidad en Occidente
Aunque en ESO termina derrotado y encerrado en Coldharbour, Mannimarco resurge en Daggerfall, escapando del plano daédrico y redoblando su apuesta por la divinidad. Esta vez, su objetivo es el Tótem de Tiber Septim, un artefacto que manipula el Numidium, el coloso mítico con el que se unificó Tamriel.
En este punto, Mannimarco no juega: manipula al protagonista del juego para obtener el Tótem. Dependiendo de las decisiones del jugador, puede lograrlo o no. Pero la clave está en el final: el uso del Tótem provoca una nueva Ruptura del Dragón, que fragmenta la realidad y crea múltiples líneas de tiempo paralelas.
En una de esas líneas, Mannimarco alcanza la apoteosis y se convierte en la Luna del Nigromante, un cuerpo celeste visible en los cielos de Nirn. En otra, sigue existiendo como ser mortal. Ambas versiones existen simultáneamente. Ambas influyen en la historia.
Oblivion: el regreso en forma mortal
En The Elder Scrolls IV: Oblivion, nos encontramos con dos manifestaciones de Mannimarco: su forma divina, que permite la creación de gemas de alma negras (gracias a la Luna del Nigromante), y su forma mortal, que aparece como el jefe final de la línea de misiones del Gremio de Magos.
En este arco, Mannimarco intenta destruir el gremio desde dentro. Su culto, la Orden del Gusano Negro, crece en número gracias a la controversia que rodea la prohibición de la nigromancia. Sin embargo, a diferencia de sus versiones anteriores, Mannimarco es sorprendentemente fácil de derrotar en este juego. Y esa contradicción, lejos de restarle valor, profundiza el misterio: ¿a cuál versión estás enfrentando realmente?
Porque mientras su cuerpo mortal cae, su esencia divina sigue brillando en el cielo. Su influencia no desaparece, simplemente cambia de forma.
Mannimarco como símbolo del multiverso en TES
Pocos personajes en The Elder Scrolls representan tan bien la idea de multiverso como Mannimarco. Es un personaje que vive y muere al mismo tiempo, que derrota a los dioses y es derrotado por aprendices, que existe como liche, como humano, como entidad astral. Y todo eso es canon.
No es casualidad que su historia se extienda por tres títulos clave. Tampoco es casual que su nombre siga mencionándose incluso cuando no aparece directamente. Porque Mannimarco no es solo un enemigo o un mago más. Es el nexo narrativo que conecta las reglas del mundo con las de la metaficción.
Es el recordatorio de que, en The Elder Scrolls, el tiempo no es una línea. Es un nudo. Y en el centro de ese nudo, palpita el nombre de Mannimarco.
