Diablo 2: Resurrected acaba de hacer algo que, sinceramente, muchos no esperábamos. Durante años fue un juego restaurado, pulido y respetuoso con su pasado, pero también cerrado sobre sí mismo. Parecía que su estructura ya estaba definida para siempre. Y de pronto aparece el Brujo. No como evento temporal ni como experimento estacional, sino como una clase completamente nueva integrada en el sistema base.
Lo que impacta no es solo la clase en sí, sino lo que representa. Cuando un juego que lleva más de dos décadas prácticamente intacto decide modificar su esqueleto, está asumiendo un riesgo real. Diablo 2 no necesitaba “más contenido” para sobrevivir; tenía una comunidad estable, builds consolidadas y un meta casi matemático. Sin embargo, la introducción del Brujo rompe esa estabilidad y obliga a repensar lo que parecía ya optimizado.
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Un híbrido que incomoda el meta clásico
El Brujo no encaja cómodamente en ninguno de los arquetipos tradicionales del juego. No es simplemente una versión alternativa del Nigromante ni una reinterpretación oscura de la Hechicera. Su identidad mecánica se construye desde la mezcla: puede dominar enemigos de forma temporal, consumirlos para potenciarse y manipular armas de manera poco convencional, combinando daño mágico con presencia en combate cercano.
A diferencia de las clases clásicas, que tienen roles bastante definidos, el Brujo opera en zonas grises. No busca el daño explosivo inmediato, sino el control progresivo del campo de batalla. Sus habilidades tienden hacia la corrupción sostenida, la negación de área y la presión acumulativa. Esa ambigüedad mecánica abre espacio para nuevas configuraciones y experimentación en un entorno que llevaba años relativamente estable.
En un juego donde cada frame y cada punto de habilidad han sido analizados durante décadas, introducir una clase híbrida implica reactivar la teoría y la discusión real. No se trata solo de probar algo nuevo, sino de volver a pensar el juego desde cero en ciertos aspectos.
Una modificación estructural después de 25 años
La última vez que Diablo 2 añadió clases fue en 2001 con Señor de la Destrucción, que incorporó al Druida y al Asesino. Desde entonces, el sistema de clases se mantuvo intacto. Resurrected modernizó gráficos, interfaz y aspectos técnicos, pero respetó la arquitectura original sin alterarla.
El Brujo rompe esa línea de conservación. No es una variante cosmética ni una clase limitada a un modo temporal. Es una incorporación permanente que amplía el catálogo histórico del juego. Desde una perspectiva técnica, es la primera clase nueva en Resurrected; desde una perspectiva histórica, es la primera en casi 25 años.
Ese dato no es menor. Significa que Blizzard decidió intervenir un diseño que muchos consideraban completo. Puede ser una apuesta arriesgada, pero también es una declaración clara de que el juego no quiere convertirse en pieza de museo.
Steam como movimiento estratégico silencioso
Aunque la atención se concentre en la nueva clase, el lanzamiento oficial en Steam puede tener un impacto incluso más profundo a largo plazo. Hasta ahora, jugar Diablo 2: Resurrected implicaba utilizar el ecosistema de Battle.net. Para jugadores de PC tradicionales no era un gran obstáculo, pero para usuarios de Steam Deck o quienes centralizan su biblioteca en Steam, suponía fricción técnica y configuraciones adicionales.
Con su llegada oficial a Steam y su verificación para Steam Deck, el acceso se simplifica considerablemente. Instalación directa, logros integrados, funciones sociales y mayor visibilidad en el escaparate digital más importante del PC actual. Esto no solo facilita la experiencia, sino que amplía el potencial de descubrimiento del juego.
Diablo 2 encaja de forma natural en el formato portátil: sesiones de farmeo cortas, progresión modular y estructura basada en repetición eficiente. Reducir la barrera técnica para jugarlo en Steam Deck no es un detalle menor, sino una decisión alineada con los hábitos de consumo actuales. Aunque la cuenta de Battle.net sigue siendo necesaria, la integración con Steam reduce significativamente la fricción.
Nuestra opinión
La incorporación del Brujo es relevante porque reactiva el meta y demuestra que Diablo 2 todavía puede evolucionar sin perder su identidad. No es solo una clase más; es una señal de que el diseño no estaba tan cerrado como parecía.
Sin embargo, el movimiento hacia Steam puede ser la decisión más estratégica. El contenido renueva a la comunidad existente, pero la accesibilidad amplía el público potencial. En un mercado donde la comodidad y la integración de plataforma influyen directamente en la longevidad de un título, esa apertura puede definir el futuro del juego más que cualquier árbol de habilidades.
El Brujo modifica cómo se juega. Steam modifica quién puede jugar. Y a largo plazo, esa diferencia puede ser determinante.
