Todavía no se ha mostrado nada. Ni una cinemática filtrada, ni un concept art sospechoso. Y sin embargo, todos asumimos que Hogwarts Legacy 2 viene en camino. Que Avalanche lo está haciendo en silencio. Que es solo cuestión de tiempo. Porque cuando algo vende tanto —más incluso que Tears of the Kingdom—, lo lógico es continuar. Repetir el hechizo. Perfeccionarlo.
Y ahí aparece lo otro. La ansiedad. Las teorías. Las ganas de imaginar lo que podría ser. En ese torbellino de suposiciones, hay un deseo que se repite: romance. El famoso romance en Hogwarts Legacy 2. Algunos lo exigen como si fuera una deuda. Otros lo esperan con timidez, como quien no quiere admitir que echa de menos sentir algo distinto en medio del combate.
Pero no sé si es buena idea.
Será difícil para Hogwarts Legacy 2 lograr un romance adecuado, así que tal vez no debería intentarlo
Es casi seguro que los protagonistas volverán a ser estudiantes. Adolescentes de Hogwarts. Tiene sentido. Es el escenario más potente del Mundo Mágico, el más reconocible, el que más nostalgia activa. Pero eso mismo complica las cosas.

Construir una historia de amor en ese contexto… no es sencillo. No solo por la edad de los personajes, sino porque el tono mismo del juego no se presta para algo así. Representar vínculos íntimos entre adolescentes puede ser válido en muchos medios, sí. Pero en un RPG donde el jugador se proyecta, se mete, se identifica, la línea entre la historia y lo personal se vuelve demasiado delgada. Incómoda, incluso.
Y luego está lo otro. La profundidad emocional. Un romance adolescente, por bien escrito que esté, no siempre logra tocar fibras en quienes ya vivieron eso, o lo recuerdan con escepticismo. Hay una especie de liviandad inevitable. Una falta de peso. Algo que lo vuelve… decorado.
El riesgo es claro: que el juego intente incluir romances y termine ofreciendo apenas una opción superficial. Una excusa con diálogos prefabricados y reacciones genéricas. Un sistema romántico que no emociona. Que solo está ahí porque “los juegos modernos tienen que tener eso”.
Y entonces, ¿para qué?
Hay tantos elementos con más impacto real. El silencio que queda después de resolver el mapa musical en Hogwarts Legacy, por ejemplo. O ese momento raro y hermoso en que descubres el tesoro de la Tumba Maldita, y te das cuenta de que no todo en el juego es una mecánica. Que a veces solo es un gesto. Una escena que se queda contigo sin razón aparente.
No todo tiene que ser amor. A veces, con que alguien te mire distinto en un pasillo, alcanza. Con que un compañero diga algo inesperado. Con que el juego no te lo explique todo. Eso también puede doler. También puede quedarse pegado.
Y si la idea es acercarse más a un RPG “maduro”, quizá sea más valioso que el juego apueste por otro tipo de vínculos. Amistades que duelen. Lealtades que se rompen. Momentos en los que uno cree que está solo, y alguien aparece. Eso también es intimidad. Eso también se recuerda.
Hay una pregunta que flota desde que empezó todo esto: ¿Será Hogwarts Legacy 2 gratuito?. Pero esa es solo una parte. Tal vez la verdadera pregunta sea otra: ¿será capaz de hacernos sentir algo, sin necesidad de besos?
Yo no lo sé. Pero si lo logra… entonces todo habrá valido la pena.
Tal vez no sea romance lo que buscamos. Tal vez sea compañía.

No sé si lo pensé mientras jugaba o después. Pero había algo en Hogwarts Legacy que me dejaba con una sensación rara: el mundo estaba lleno, sí, pero se sentía un poco solo. Como si los personajes estuvieran programados para mirarte, pero no para quedarse.
Por eso entiendo que muchos pidan romance. Porque parece que sería la forma más directa de generar conexión. De sentir que hay alguien al otro lado que no solo te da misiones, sino que te espera. Pero no estoy seguro de que el amor, así como lo pensamos en los videojuegos, sea la respuesta.
Me pasó algo una vez. Estaba recorriendo el bosque, sin rumbo, y una lechuza cruzó volando muy cerca. No tenía importancia. Era solo una animación más. Pero me detuve. No sé por qué. Y pensé: ojalá alguien hubiera visto eso conmigo.
Quizás eso es lo que buscamos. No un sistema de romance. No una opción de diálogo seductora. Solo la sensación de que no estamos solos en este mundo gigante. Y si Hogwarts Legacy 2 logra darnos eso, aunque sea con un silencio bien puesto… entonces no va a hacer falta nada más.
