Han pasado más de 2500 días desde que se reveló The Elder Scrolls 6. Siete años. Un número redondo que no suena a celebración. Suena a espera. A ese tipo de espera que deja marcas, que empieza como emoción y termina como suspiro.
Fue en junio de 2018 cuando Bethesda nos mostró aquel paisaje brumoso. Cuarenta segundos sin voces, sin rostros, sin promesas claras. Solo una silueta. Solo un nombre. Y eso bastó. Durante un tiempo, bastó.
Pero hoy, el silencio pesa más que la nostalgia. No hay tráiler nuevo. No hay fecha. Ni siquiera un nombre confirmado. Solo ese eco antiguo que nos recuerda que sí, The Elder Scrolls 6 existe… pero no sabemos cuándo llegará. La comunidad sigue ahí, moviéndose entre la ilusión y el desgaste.
Una larga espera para The Elder Scrolls 6 en medio de un género cambiante

Mientras tanto, todo alrededor ha cambiado. El RPG ya no es lo que era en 2018. The Witcher 3 se volvió viejo. Cyberpunk 2077 cayó y volvió a levantarse. Y Baldur’s Gate 3 apareció como un milagro tardío. Ahora es 2025 y la competencia no duerme. Bethesda tampoco. Pero su silencio se nota. Y duele.
Sí, lanzaron Starfield. Sí, hay intentos. Pero no hay Nirn. No hay Tamriel. Solo una galaxia que no logra llenar el vacío. Por suerte, Oblivion Remastered apareció. Y por un momento, el recuerdo volvió a doler bonito. Cyrodiil regresó con texturas nuevas, con bordes más suaves, pero con la misma alma. Y eso bastó. Por un rato.
Y sin embargo… cada pixel más nítido de Oblivion también hizo más evidente lo que falta. Cada mejora nos recordó que The Elder Scrolls 6 sigue sin mostrarse. Como si al mirar atrás con tanto detalle, la ausencia de lo nuevo se hiciera más cruel.
Paciencia vs. Progreso: Un equilibrio para Bethesda en The Elder Scrolls 6

Desarrollar un videojuego no es fácil. Lo sabemos. Hay miles de decisiones invisibles, presiones que no vemos. Pero el tiempo también habla. Y a veces, grita. Skyrim se mantiene vivo por sus mods, sus reversiones, sus caminos infinitos. Pero incluso los más fieles empiezan a preguntarse si alguna vez regresaremos de verdad a Tamriel.
Ni siquiera pedimos mucho. Una imagen. Un detalle. Un rastro. Algo que nos diga que sí, que vamos por buen camino. En vez de eso, nos llegan pistas vagas. Filtraciones que no terminan de decir nada. Rumores sobre Hammerfell. Y mucho espacio en blanco.
Mientras tanto, otros avanzan. CD Projekt Red ya construye The Witcher 4. Larian Studios mira más allá de Baldur’s Gate. Y las mayores revelaciones en The Elder Scrolls Online y el sistema de subclases de The Elder Scrolls Online nos recuerdan que el universo sigue respirando, pero a distancia. No en el lugar que todos esperan.
Y hoy, que debería sentirse como un hito, se siente más bien como un hueco. Skyrim tenía 7 años cuando se anunció TES 6. Y ahora… han pasado 7 años más. Duele pensarlo así. Porque la pasión sigue. El deseo no se ha apagado. Pero el tiempo, ese sí, no espera.
El tráiler de 2018 todavía está ahí. Se ve. Se repite. Se guarda. Como una postal que no queremos desechar, aunque ya esté amarilla por el sol. Porque ahí, entre la niebla, aún creemos ver algo. Aunque no sepamos cuándo va a llegar. Aunque no sepamos si realmente lo hará.
Opinión: Bethesda debe hablar ahora, no después
Hay un punto donde el silencio deja de ser prudente y se convierte en abandono. Bethesda ha jugado con la expectativa como si fuera un recurso renovable, pero no lo es. El deseo no es eterno. Se gasta. Se erosiona. Y aunque el amor por Tamriel sigue vivo, no puede sostenerse solo en promesas viejas y recuerdos borrosos.
No se trata de exigir un lanzamiento inmediato. Ni siquiera un gameplay. Pero sí un gesto. Una señal clara de que The Elder Scrolls 6 sigue en marcha. Porque lo que más daña no es la espera: es la incertidumbre. Es esa sensación de haber sido olvidado en un mundo que alguna vez te hizo sentir en casa.
Lo que me preocupa —y tal vez no soy la única— es que Bethesda esté apostando a la nostalgia como estrategia. Que crea que puede seguir vendiendo Skyrim, y vendiéndonos la espera, como si nada. Y no. No somos los mismos de 2018. Ya no. Hoy necesitamos algo más que humo. Necesitamos tierra firme.
Y ojalá lo entiendan antes de que sea tarde. Porque aún queremos creer. Aún nos detenemos en esa colina neblinosa del tráiler. Pero incluso el amor, cuando se deja mucho tiempo al margen, empieza a buscar otras puertas.
