Hay grupos de amigos que siempre terminan cayendo en el mismo bucle. Una partida rápida a Fortnite, unas horas en Minecraft, quizá un poco de League of Legends si alguien insiste demasiado. Funciona, claro. Lo hace porque son juegos enormes y porque siempre hay algo que hacer. Pero también pasa otra cosa: llega un momento en el que todos conocen cada mapa, cada estrategia y hasta las discusiones empiezan a repetirse. No porque el juego haya dejado de ser bueno, sino porque la sorpresa desapareció hace tiempo.
Lo curioso es que, mientras medio mundo sigue girando alrededor de los mismos nombres, hay auténticas joyas escondidas que consiguen algo bastante más difícil: provocar esas noches en las que nadie mira el reloj. Esos juegos que empiezan con un “vamos a probar media hora” y acaban robándote toda la madrugada entre risas, traiciones o gritos por Discord. Algunos llevan años en Steam. Otros son relativamente recientes. Pero todos tienen algo en común: cuando encuentras al grupo adecuado, cuesta muchísimo volver a los de siempre.
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Duck Game (Steam, Nintendo Switch y PlayStation)

Hay juegos que necesitan horas para mostrar todo lo que ofrecen. Duck Game hace exactamente lo contrario. En diez segundos ya entiendes por qué sigue teniendo una comunidad tan fiel después de tantos años.
La idea parece una broma. Controlas a un pato diminuto en escenarios en dos dimensiones donde cualquier arma sirve para acabar con tus amigos. Escopetas, rifles láser, pistolas, granadas, cajas, espadas… prácticamente todo puede convertirse en una forma ridícula de ganar una ronda. O de perderla. Porque aquí nadie sobrevive demasiado tiempo.
Lo mejor es que el caos nunca parece injusto. Siempre ocurre algo inesperado. Uno dispara antes de tiempo, otro activa una trampa sin querer y un tercero empieza a pulsar el botón de graznar únicamente para poner nervioso al resto. Parece una tontería hasta que descubres que los sonidos terminan siendo una herramienta más para despistar a quien queda vivo.
Es el típico juego que genera historias incluso cuando nadie gana. Esa partida en la que alguien lanzó un arma sin querer y eliminó al último rival. O aquella otra donde todos murieron al mismo tiempo y nadie entendió qué acababa de pasar. Son momentos que no aparecen en un tráiler, pero sí en todas las conversaciones del grupo durante semanas.
Crawl (Steam, PlayStation, Xbox y Nintendo Switch)

Hay amistades que sobreviven a cualquier videojuego. Crawl se dedica precisamente a comprobar si la vuestra es una de ellas.
Su propuesta sigue siendo una de las más originales del género. Un jugador controla al héroe que intenta escapar de una mazmorra mientras los otros tres manejan monstruos, trampas y criaturas cuyo único objetivo consiste en matarlo antes de que llegue demasiado lejos. Hasta ahí parece un cooperativo extraño. Lo realmente brillante aparece cuando alguien consigue darle el golpe final.
En ese instante, los papeles cambian por completo. El monstruo que ha acabado con el héroe pasa automáticamente a controlar al protagonista, mientras el jugador derrotado se convierte en un fantasma dispuesto a vengarse. Esa rotación constante hace que nadie permanezca demasiado tiempo en la misma posición y mantiene la tensión durante toda la partida.
Es imposible no terminar riéndose. No porque sea un juego cómico, sino porque las traiciones aparecen de forma completamente natural. Empiezas ayudando a otro jugador a derrotar al héroe y, unos segundos después, descubres que ahora eres tú quien tiene que escapar de todos los demás. Esa sensación de desconfianza permanente convierte cada partida en una pequeña guerra entre amigos.
Además, gracias a Steam Remote Play, sigue siendo una opción fantástica incluso para quienes no pueden reunirse físicamente. Y eso, hoy en día, vale mucho más de lo que parece.
Shape of Dreams (Steam)

No todo tiene que consistir en disparar más rápido o sobrevivir más tiempo. A veces apetece un juego que obligue a pensar junto al resto del grupo. Shape of Dreams apuesta precisamente por esa idea.
Sobre el papel mezcla dos géneros que parecen difíciles de combinar. Toma la perspectiva y parte de las mecánicas de un MOBA como League of Legends, pero elimina la competición entre equipos para construir una aventura cooperativa con estructura de roguelike. Dicho así puede sonar extraño. Jugándolo, tiene mucho más sentido.
Cada partida consiste en avanzar por un mundo inspirado en los sueños mientras el grupo crea combinaciones de habilidades cada vez más absurdas. Hay sinergias que parecen imposibles hasta que alguien descubre una nueva combinación capaz de convertir una pelea complicada en un espectáculo de efectos y daño por todas partes.
Lo interesante es que no basta con jugar bien de manera individual. Hay que coordinarse. Elegir habilidades pensando en el resto, cubrir los errores de un compañero y adaptar constantemente la estrategia según lo que ofrece cada partida. Esa improvisación hace que ninguna expedición sea exactamente igual a la anterior.
Quizá no tenga el nombre de otros grandes cooperativos, pero precisamente ahí reside parte de su encanto. Da la sensación de haber encontrado uno de esos juegos que todavía no han explotado y que probablemente acabarás recomendando a cualquiera que te pregunte qué jugar con amigos.
Abiotic Factor (Steam)

Durante años los juegos de supervivencia parecían seguir siempre el mismo camino. Cortar árboles. Construir una cabaña. Fabricar herramientas. Repetir. Abiotic Factor decide darle la vuelta a todo eso desde la primera partida.
Aquí no eres un soldado ni un aventurero. Tampoco un superviviente experto. Eres un científico atrapado dentro de un enorme laboratorio subterráneo después de que una serie de experimentos hayan salido terriblemente mal. Y esa diferencia cambia por completo la experiencia.
Las armas improvisadas nacen de objetos de oficina, piezas electrónicas o cualquier cosa que encuentres tirada por los laboratorios. Los carritos de limpieza dejan de ser decoración para convertirse en vehículos improvisados, mientras los terminales informáticos, los sistemas de seguridad y los experimentos fallidos forman parte del propio escenario de supervivencia.
Lo curioso es que consigue algo que muchos survival no logran: mantener el sentido del humor sin romper la tensión. Hay momentos realmente peligrosos y otros absolutamente ridículos. En una misma sesión puedes estar huyendo de una criatura interdimensional y cinco minutos después discutir con un amigo porque alguien ha utilizado el microondas para cocinar recursos que necesitabais fabricar.
Ese equilibrio entre supervivencia, cooperación y situaciones absurdas hace que resulte muy fácil perder la noción del tiempo. Siempre aparece una sala nueva, un experimento extraño o una idea descabellada que merece la pena probar.
GTFO (Steam)

Hay juegos cooperativos donde el grupo termina ganando aunque juegue regular. GTFO no pertenece a esa categoría. Y probablemente sea mejor así.
Desde el primer minuto deja claro que no está interesado en perdonar errores. La munición escasea, los enemigos son extremadamente peligrosos y cualquier ruido innecesario puede desencadenar un desastre del que resulta imposible recuperarse. Aquí avanzar despacio no es una opción prudente. Es la única opción.
Cada jugador debe cumplir un papel muy concreto. Uno vigila los accesos, otro controla los recursos, alguien coordina los movimientos y todos necesitan comunicarse constantemente. No existe espacio para el héroe solitario porque el diseño entero gira alrededor del trabajo en equipo.
Hay algo especialmente satisfactorio cuando un grupo consigue superar una misión complicada después de varios intentos fallidos. No es una victoria espectacular. Es más bien una sensación de alivio. Como si todo hubiera salido bien por muy poco. Quizá por eso tantas personas siguen considerándolo uno de los mejores cooperativos difíciles que existen.
Eso sí, conviene avisarlo antes de comprarlo. Si vuestro grupo suele entrar a cualquier partida haciendo el loco durante los primeros cinco minutos, probablemente GTFO os ponga en vuestro sitio bastante rápido.
Nuestra opinión
No todos los grandes juegos cooperativos necesitan millones de jugadores para demostrar lo buenos que son. De hecho, algunos de los recuerdos más divertidos nacen precisamente en títulos que casi nadie menciona cuando habla de jugar con amigos.
Duck Game convierte el caos en una fiesta constante. Crawl transforma la traición en una mecánica brillante. Shape of Dreams demuestra que todavía quedan ideas originales dentro del cooperativo. Abiotic Factor reinventa el survival desde una perspectiva inesperada y GTFO lleva el trabajo en equipo hasta un nivel que muy pocos títulos se atreven a exigir.
Puede que ninguno tenga la popularidad de los gigantes del género. La verdad… tampoco parece que la necesiten. Basta con reunir a tres o cuatro amigos, entrar en una llamada de Discord y darles una oportunidad. Lo demás suele venir solo.
