Hubo un momento —no sé si fue en la clase de Encantamientos o cuando descubrí la sala común de Ravenclaw por primera vez— en el que pensé: esto podría ser perfecto. Hogwarts Legacy tenía el potencial de ser esa experiencia que todos habíamos soñado de niños: ir a Hogwarts, vivir allí, aprender magia. Y aunque lo fue en muchos sentidos, algo faltaba.
Estudiar.
No en el sentido aburrido, claro. No con tablas de multiplicar mágicas o ensayos sobre Mandrágoras. Me refiero a esa sensación de estar en clase, de aprender detalles del universo mágico como parte de la aventura. Como lo hacía Persona con sus cuestionarios. Hogwarts Legacy 2 tiene la oportunidad de llenar ese hueco y, con ello, rendir homenaje a la historia del mundo mágico y a los millones de fans que han memorizado datos de este universo como si fueran hechizos de supervivencia.
Una oportunidad para conectar mejor con el universo mágico

Hogwarts Legacy 2 puede —y debe— corregir una de las grandes ausencias del primer juego: la vida académica real. Sí, corrimos por los pasillos, lanzamos hechizos y visitamos clases… pero no aprendimos nada. Las asignaturas se sentían como excusas narrativas o simples tutoriales, y eso es una oportunidad desperdiciada.
Incorporar cuestionarios al estilo Persona no solo reforzaría el sentido de pertenencia al colegio; también recompensaría a los fans por su conocimiento. Piensa en esa base de jugadores que han leído los libros cinco veces, que reconocen un hechizo por su gesto de varita o que saben la diferencia entre un Augurey y un Jobberknoll. Este tipo de fan —yo incluido— disfrutaría un minijuego de trivia que pusiera a prueba su memoria mágica.
Es más, podría integrarse perfectamente en la narrativa. En lugar de soltar datos por soltar, los profesores podrían lanzar preguntas relacionadas con eventos recientes, objetos mágicos encontrados o personajes nuevos. De ese modo, el juego mantendría su ritmo sin forzar la pausa.
Por ejemplo, tras completar una misión en el mapa musical de Hogwarts Legacy, ¿por qué no encontrarse con un profesor que pregunte algo al respecto? “¿Cuál era la nota encantada que liberaba la melodía secreta del Ala Norte?” Ese tipo de vínculo entre historia y jugabilidad hace que el mundo se sienta más real, más vivo.
Reivindicar el aula como escenario narrativo

Los juegos de Persona han convertido las aulas en espacios donde se aprende, pero también donde se construye mundo. Cada pregunta no es solo un reto mental, sino una puerta a nuevos vínculos, contextos y eventos. Algo similar funcionaría de maravilla en Hogwarts Legacy 2.
Porque, seamos honestos: una de las mayores quejas sobre el primer juego fue su tratamiento de Hogwarts como telón de fondo. Una escuela que no enseñaba, donde las clases se agotaban en las primeras horas. Introducir preguntas relacionadas con criaturas mágicas, historia del colegio o reglas del Quidditch que los personajes puedan discutir o aplicar más adelante generaría una conexión mucho más fuerte con el entorno.
Además, el potencial para expandir la narrativa es enorme. Imagina que una pregunta en clase te da una pista sobre la debilidad de un nuevo enemigo, o que un compañero reacciona a tu respuesta y eso modifica su relación contigo. Incluso podrían surgir tareas secundarias a partir de estos momentos académicos.
Sería también una forma brillante de justificar mecánicas narrativas: si un profesor menciona los Thestral en Hogwarts Legacy durante una clase, y más tarde el jugador tiene que encontrarlos o domarlos, el aprendizaje se convierte en acción. Y eso, narrativamente, es oro puro.
No hace falta que todo gire en torno a Harry

Es cierto que uno de los dilemas de Hogwarts Legacy 2 será mantenerse fiel al canon sin depender de los personajes clásicos. El juego ocurre cien años antes de Harry Potter. No veremos a Harry, Ron ni Hermione. Pero eso no significa que no haya historia.
De hecho, uno de los puntos más ricos del lore mágico es precisamente lo que ocurrió antes de los libros. La época de los fundadores. La formación del Ministerio de Magia. Las guerras oscuras previas. Los secretos del Bosque Prohibido. Todo eso es terreno fértil para construir preguntas de trivia que no solo pongan a prueba a los fans, sino que también enseñen algo nuevo.
Y si a eso le sumamos la posibilidad —ya confirmada por Warner Bros.— de que haya conexiones con la futura serie de HBO, el juego podría hilar referencias a personajes como Dumbledore o incluso Voldemort, sin necesidad de que aparezcan directamente. A veces una mención bien puesta, un apellido familiar, un dato en una clase es más poderoso que una escena completa.
El conocimiento como arma narrativa

Una de las ideas más interesantes que Persona lleva años explorando es que saber algo tiene consecuencias en el mundo. En Hogwarts Legacy 2, esto podría transformarse en una herramienta de preparación. Saber que los unicornios son vulnerables a un tipo de maldición, o que los gigantes tienen jerarquías internas, puede prepararte para lo que viene.
En lugar de introducir esto a través de cinemáticas, Avalanche podría usar clases y preguntas para hacerlo de forma más elegante. Una lección sobre historia mágica podría anticipar el regreso de un linaje oscuro. Una clase de Pociones podría detallar una mezcla que luego necesitas usar en una pelea. Incluso una clase sobre criaturas podría ponerte sobre la pista de un cazador despiadado.
Así, el conocimiento deja de ser decoración y se convierte en estrategia. Y al hacerlo, el jugador se siente más poderoso, más inmerso, más… alumno de Hogwarts.
Un juego que te hace sentir parte del mundo
No se trata solo de añadir preguntas por añadirlas. Se trata de usar esa mecánica para hacerte sentir parte de algo. Para que de verdad pienses que eres un estudiante más. Que estás allí no solo para lanzar hechizos y recorrer pasillos, sino para aprender a ser mago.
Imagina un aula en la que tus respuestas influyen en tu relación con los profesores, en tu acceso a hechizos secretos o incluso en tu puntuación de casa. Si contestas bien, Slytherin gana puntos. Si fallas, pierdes. ¿Te imaginas la tensión en esa escena?
Podría incluso haber torneos intercasas de trivia, eventos mágicos donde los mejores alumnos se enfrentan para ver quién sabe más del universo. Eso generaría comunidad, conversación, contenido secundario. Y lo mejor: todo se construye sobre el amor que ya existe por este mundo.
Opinión final: que estudiar sea un placer, no un castigo
Yo fui de esos jugadores que se detuvieron en cada cuadro para leer la placa. Que esperaban encontrar una historia oculta detrás de cada estatua. Que sintieron una punzada de decepción al ver que las clases eran solo una excusa para introducir hechizos.
Por eso creo que Hogwarts Legacy 2 tiene aquí una oportunidad de oro. No solo para homenajear a su mundo, sino para invitar al jugador a sumergirse más. Para convertir el aula en un lugar de descubrimiento, no de trámite.
Un minijuego de trivia al estilo Persona no es una idea menor. Es, en realidad, una puerta. Una manera de decirle al fan: sí, sabemos que amas este universo. Y te damos un espacio para demostrarlo.
Y si ese espacio es una clase en la que una pregunta sobre las leyes de transformación mágica te ayuda más adelante a desarmar un artefacto oscuro… entonces, maldita sea, eso es magia de verdad.
