Hay veces que los detalles duelen más de lo que deberían. El tema del momento, y es raro verlo así de directo, es boicotear el equipo del nuevo parche 7.3. Nadie lo pensó como una revolución, pero lo cierto es que hay fans amenazando con cancelar su suscripción, y todo por una decisión de diseño que parece pequeña. Pero no lo es.
El nuevo equipo para mazmorras —ese que llega en agosto con “La Promesa del Mañana”— podría haber pasado sin escándalo, pero no fue el caso. No es la primera vez que Final Fantasy 14 divide a su comunidad, pero hacía mucho que no veía tanta gente enfadada por lo mismo. ¿El motivo? El diseño. Las capas, los cascos, los colores: todo remite a los conquistadores españoles, justo ahora que la historia del juego está tan anclada en Tural, esa versión digital de América Central y del Sur. No es solo una cuestión de estética, sino de memoria, de lo que significa traer esos símbolos a un momento tan delicado del juego.
Y no hablo solo por mí. Los foros ardieron durante horas, cientos de páginas de discusión, insultos, memes y algún que otro intento de defensa. Había quien decía que era solo un set más, pero la mayoría no pudo evitar sentir que esta vez se cruzó una línea. Lo llamaron ofensivo, decepcionante, hasta colonialista. Algunos —no sé si exageran, pero ahí están— amenazaron con dejar el juego. Y todo esto en medio de las expectativas por el parche, que iba a cerrar la historia de Dawntrail y, supuestamente, abrir una nueva etapa.
A veces pienso que es inevitable. Que cualquier gran lanzamiento de un MMORPG viene acompañado de polémica, de grietas en la comunidad. Pero esta vez se siente diferente. Quizá porque Final Fantasy 14 venía de otros traspiés: el año pasado fue el lío con el atuendo del lejano norte, el Consejo Saami, las acusaciones de apropiación, y antes lo del traje coreano en plena Stormblood, esa vez ni siquiera se armó escándalo porque solo estuvo disponible en China. Y ahora esto.
Lo curioso es que, entre tanta queja, algunos ya especulan sobre el futuro de la saga y recuerdan que Final Fantasy 17 volverá y los turnos también genera debates parecidos, aunque por otros motivos. Es como si el juego no pudiera dejar de tropezar con la memoria y la historia, incluso cuando solo intenta innovar en mecánicas o estética.
Mientras tanto, el ambiente se siente cargado. Un set inspirado en Alisaie vuelve a levantar polvo, el Cinturón de cuero de hace unas semanas también. Y en el fondo, la única certeza es que el boicot al equipo del nuevo parche 7.3 se convirtió en síntoma de algo más grande: el miedo a que el juego olvide de dónde viene y, de paso, a quién lastima.
Equipo de mazmorras del parche 7.3 “Ofensivo” de Final Fantasy 14

No creo que nadie se sorprendiera de verdad. El problema no es que se inspiren en la España del siglo XVI —eso, en otro contexto, podría pasar—, sino el momento y el lugar. Meter un set tan marcado por esa época justo en Tural, justo en Dawntrail, cuando la referencia histórica es tan evidente… fue, mínimo, torpe. Para algunos, directamente, ofensivo.
No es la primera vez que ocurre algo similar. El atuendo del lejano norte ya desató el enojo del Consejo Saami el año pasado, sin ningún resultado. Lo del traje coreano de Stormblood fue más silencioso, pero quedó ahí. La sensación de que Final Fantasy 14 va acumulando pequeños incendios, sin terminar de apagarlos nunca.
Y mientras la comunidad sigue discutiendo, aparecen nuevos sets polémicos, la gente se cansa, y esa sensación de estar jugando bajo una sombra incómoda no desaparece. Boicotear el equipo del nuevo parche 7.3 ya no es solo un trending topic: es un síntoma de desgaste. Un recordatorio de que a veces, un simple objeto digital puede traer todo un pasado a la mesa. Y doler más de la cuenta.
