Desde su lanzamiento, Clair Obscur: Expedition 33 ha sido uno de esos juegos que parecen tener vida propia. No solo por su atmósfera visual, sino por esa sensación de que algo se esconde siempre detrás del último rayo de luz. Guillaume Broche, su director, lo confirmó hace poco: todavía hay cosas que nadie ha visto. Y no suena como una simple estrategia de marketing. Suena a verdad.
Cada rincón del juego está construido con una delicadeza que roza lo obsesivo. Cada textura, cada silencio. No sorprende que incluso los jugadores más dedicados sigan tropezando con algo nuevo, aunque ya hayan pasado meses desde su estreno en abril de 2025. Fue el debut de Sandfall Interactive, un estudio pequeño que de pronto se vio compitiendo por el título de Juego del Año. Cinco millones de copias después, el milagro sigue vivo.
Broche lo dijo en una entrevista: “No quiero revelar los secretos, porque ya no serían secretos.” Y hay algo casi poético en eso. En dejar que los jugadores los encuentren por accidente. O que los inventen. Algunos, dice él, descubrieron misterios que ni siquiera existían. Pero ahí está la magia: cuando un juego logra que el jugador vea cosas que el creador nunca puso.
Una luz que sigue escondiendo sombras
Hay una escena —o tal vez un susurro dentro del propio juego— que nunca deja de resonar: el momento en que Maelle, la protagonista, se detiene frente a una sombra que no parece un enemigo, sino una duda. Quizás ahí empieza el verdadero misterio de Clair Obscur: Expedition 33: no en los cofres ocultos o las rutas secretas, sino en lo que nos hace mirar más de una vez.
Hace poco se anunció una actualización gratuita con una nueva zona por explorar. Tal vez sea ahí donde encontremos respuestas. O tal vez solo más preguntas. Y está bien. Parte de la belleza del juego está en esa incertidumbre, en ese silencio lleno de significado.
Por cierto, si buscas una guía sobre la cueva siniestra de Expedition 33, te entiendo. Todos hemos querido empujar un poco más, ver si detrás del muro hay algo que respira.
A mí me gusta pensar que sí. Que aún quedan secretos, aunque no los encontremos nunca. Que lo importante no es descubrirlos, sino seguir buscándolos. Porque hay juegos que no se terminan. Solo se quedan contigo.
